Seguramente has escuchado frases como: "Yo soy un estudiante visual", "a mí me entra mejor la información si la escucho" o "yo aprendo haciendo". Existe una idea muy popular que dice que cada persona tiene una forma única y fija de aprender, y que si no nos enseñan adaptándose a esa forma, no aprenderemos bien.

La evidencia dice otra cosa. Una revisión muy citada (Pashler y colaboradores, 2008) encontró que no hay pruebas sólidas de que enseñar a cada persona según su supuesto estilo mejore lo que aprende. Es normal tener preferencias, y está bien disfrutar más de un formato. El problema es creer que son un límite. Aprender depende mucho más de lo que estás intentando aprender y de cómo lo practicas que de tu preferencia.

1. El contenido es el que manda

Imagina que quieres aprender a tocar la guitarra. ¿Podrías aprender a hacerlo solo viendo videos sin tocar nunca el instrumento? Difícilmente. O imagina que quieres aprender geografía: ¿Podrías aprender dónde están los países solo escuchando a alguien hablar, sin ver nunca un mapa? Sería extremadamente ineficiente.

Ejemplo: Si quieres aprender a cocinar una receta nueva, no basta con leerla o escuchar a alguien describirla. Necesitas oler, probar y, sobre todo, manipular los ingredientes. Tu cerebro necesita toda esa información combinada para entender realmente la receta.

La moraleja: no "somos" visuales o auditivos. Simplemente hay cosas que son más fáciles de entender de una forma que de otra. Elegir el formato que pide el contenido es la clave.

No 'somos' visuales ni auditivos. La herramienta correcta la define lo que aprendes, no quién crees ser.

2. Varía la forma de practicar

Elegir el formato que pide el contenido es la primera mitad. La segunda es no quedarte en un solo formato: trabajar un mismo tema de varias formas te obliga a procesarlo de manera más activa, y combinar canales (ver, oír, hacer) puede ayudar a aprender mejor (Shams y Seitz, 2008). Por qué releer engaña lo explico en Cómo aprender de verdad.

Si estás estudiando un tema complejo, no te limites a leer.

1. Primero, lee el texto.

2. Luego, trata de explicarlo en voz alta como si se lo enseñaras a otra persona.

3. Finalmente, dibuja un esquema o resumen con tus propias palabras. Al trabajar una misma idea de varias maneras, la entiendes mejor y tienes más formas de recordarla. Es más difícil olvidar algo que has procesado así que algo que solo leíste.

Una misma idea, trabajada de tres formas, deja tres caminos para volver a ella.

3. ¿Por qué nos aferramos al mito?

A veces, preferimos creer en los "estilos de aprendizaje" porque nos da una salida fácil. Si no aprendemos algo, es más fácil culpar al método que aceptar que aprender requiere esfuerzo.

Aprender cosas nuevas es, por naturaleza, incómodo. La próxima vez que te enfrentes a algo difícil, no te preguntes: "¿Cómo me gusta aprender a mí?". Pregúntate: "¿Cuál es la mejor manera de aprender esto, aunque me cueste trabajo?". Tu cerebro tiene una capacidad asombrosa para adaptarse. No le pongas límites clasificándolo.